lunes, 27 de diciembre de 2010

SCHUBERT: AVE MARIA

De la infinidad de recreaciones musicales que pueden encontrarse del Ave María, probablemente la de Schubert sea la más conocida; ha sufrido toda clase de adaptaciones y arreglos (con acompañamiento de órgano, con orquesta, para conjunto coral...) que no superan la versión original para voz y piano. Aunque normalmente preferimos interpretaciones en directo, esta de Barbara Bonney es tan perfecta que no nos resistimos a ponerla aquí.

ELLENS GESANG III

Ave Maria! Jungfrau mild,
Erhöre einer Jungfrau Flehen,
Aus diesem Felsen starr und wild
Soll mein Gebet zu dir hinwehen.
Wir schlafen sicher bis zum Morgen,
Ob Menschen noch so grausam sind.
O Jungfrau, sieh der Jungfrau Sorgen,
O Mutter, hör ein bittend Kind!
Ave Maria!

Ave Maria! Unbefleckt!
Wenn wir auf diesen Fels hinsinken
Zum Schlaf, und uns dein Schutz bedeckt
Wird weich der harte Fels uns dünken.
Du lächelst, Rosendüfte wehen
In dieser dumpfen Felsenkluft,
O Mutter, höre Kindes Flehen,
O Jungfrau, eine Jungfrau ruft!
Ave Maria!

Ave Maria! Reine Magd!
Der Erde und der Luft Dämonen,
Von deines Auges Huld verjagt,
Sie können hier nicht bei uns wohnen,
Wir woll'n uns still dem Schicksal beugen,
Da uns dein heil'ger Trost anweht;
Der Jungfrau wolle hold dich neigen,
Dem Kind, das für den Vater fleht.
Ave Maria!

CANTO DE ELLEN III.

¡Ave María! Dulce Virgen,
escucha implorar a una doncella;
desde esta roca abrupta y salvaje
va a alzarse hacia Ti mi plegaria.
Que durmamos seguros hasta mañana
pese a que los hombres sean tan crueles.
¡Oh, Virgen!, mira la aflicción de esta virgen.
¡Oh, Madre!, escucha a tu hija rezando.
¡Ave María!

¡Ave Maria Inmaculada!
Cuando sobre esta roca nos acostemos
a dormir, y nos cubra tu protección,
nos parecerá suave la dura roca.
Tú sonríes y aromas de rosas exhala
este sórdido abismo rocoso.
¡Oh , madre, escucha suplicar a una hija!
¡Oh, Virgen, te clama una doncella!
¡Ave María!

¡Ave María, Virgen pura!
Los demonios de la tierra y el aire,
expulsados por la merced de tu mirada,
no pueden morar entre nosotros.
Nos plegamos dócilmente al destino
porque Tú nos envías tu santo consuelo.
Escucha, Virgen, a la que se postra ante Tí,
a esta hija que te implora por su padre.
¡Ave Maria!

(Traducción de Fernando Pérez Cárceles)

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