martes, 16 de noviembre de 2010

GINASTERA: CANCIÓN DEL ÁRBOL DEL OLVIDO

Sin ser tan conocida internacionalmente como el Tango o la Milonga, la Vidalita es un tipo de canción tradicional argentina que ha tenido cultivadores entre algunos músicos de formación clásica o "culta" como Alberto Ginastera (nacido en Buenos Aires en 1916) y Carlos Guastavino (Santa Fe, 1915), quienes además de componer obras de mayor extensión para las salas de conciertos prestaron gran atención a la música popular, en especial a la canción basada en estructuras y ritmos folclóricos.

La letra de esta canción también se inspira en la lírica popular, de la que toma usos como el diminutivo ("nochecita", "en cuantito") o el verbo "despenarse", quitarse las penas. La música mantiene un ritmo sin apenas variaciones de principio a fin, con un acompañamiento de piano simple y monótono que expresa muy bien la desesperanza del poema original. La melodía en cambio es más sutil de lo que parece a simple vista; en los versos finales de la primera y la segunda estrofa se desliza una modulación que nos deja pendientes de la continuación, y en la última estrofa aparece una variación más notoria que va encaminada a resaltar el tercer verso, coincidiendo con el giro inesperado del texto "me olvidé de olvidarte / en cuantito me acosté"; de ese modo la música y el poema se aúnan para expresar la fatal herida del amor roto, la imposibilidad de curarse de él a voluntad.

Canta el tenor sevillano Manuel Cid, gran especialista en este repertorio.

Alberto Ginastera - Fernán Silva Valdés

Canción del árbol del olvido

En mis pagos hay un árbol,
que del olvido se llama,
al que van a despenarse, vidalitay,
los moribundos del alma.

Para no pensar en vos,
bajo el árbol del olvido,
me acosté una nochecita, vidalitay,
y me quedé bien dormido.

Al despertar de aquel sueño
pensaba en vos otra vez,
pues me olvidé de olvidarte, vidalitay,
en cuantito me acosté.

CARLOS GUASTAVINO: EL SAMPEDRINO

Carlos Guastavino es un gran compositor de canciones que merecería ser más conocido fuera de su país. Es el autor de "Se equivocó la paloma", sobre un poema de Rafael Alberti (mucha gente cree que la compuso Serrat), entre otras muchas canciones sobre textos de Cernuda, Gabriela Mistral, Quevedo... Recomendamos escuchar en Internet "La rosa y el sauce", "Bailecito" o el primer movimiento de la sonatina para piano.

El poema de Benarós es rico en expresiones populares ("Pa que lo sepas", "trajinarse", "arreando", "piale"...) y trata el eterno tema de la pérdida, en este caso doble: del amor y de la patria chica. Mientras conduce el ganado por campos solitarios, un "resero" (el que cuida las reses) expresa su nostalgia por su ciudad natal, San Pedro, y por "la prenda que yo quería".  En el estribillo hace una descripción muy bonita del paisaje y las plantas que lo rodean, inevitablemente vinculados al recuerdo de la amada, y le pide a las flores que guarden silencio sobre su llanto. La descripción de la soledad del campo como espejo de la desolación interior nos recuerda a "Los ejes de mi carreta", del argentino Atahualpa Yupanqui.

Esta segunda vidalita presenta un acompañamiento pianístico similar al de la anterior, pero la melodía tiene una mayor riqueza; con la típica estructura copla-estribillo, resulta especialmente lograda la modulación que hace al entrar el estribillo (sobre las palabras "Trebolares fresquitos"), estupendamente matizada por el tenor.

El Sampedrino (León Benarós)

Soy nacido en San Pedro,
pa´ que lo sepas,
unos vientos me traen
y otros me llevan.
Es triste amigo,
trajinarse en la huella
sin un cariño.
Tal vez algún cariño
en que ir pensando
por esos campos solos
al ir arreando...

Trebolares fresquitos,
gramilla tierna,
margaritas silvestres
que fueron de ella.
No digan, flores,
que ha pasado un resero
llorando amores...

San Pedro de mi vida,
quisiera verte
antes de que me piale
por ahí la muerte.
Pero, aparcero,
si ella no está en el pago
y a nadie tengo...
a nadie tengo, amigo,
como decía
ni me espera la prenda
que yo quería.

Trebolares fresquitos,
gramilla tierna,
margaritas silvestres
que fueron de ella.
No digan, flores,
que ha pasado un resero
llorando amores...

CARLOS GARDEL: ADIÓS MUCHACHOS

Aquí tenemos una buena muestra de la influencia que la poesía popular ha ejercido sobre la culta: Luis Cernuda se inspiró en un famoso tango de Gardel para componer el poema "Despedida", del que seleccionamos abajo las estrofas que más nos interesan para establecer la comparación. La sensación de pérdida es muy clara en los dos textos, pero se plantea de una forma más cotidiana y llevadera en el tango, que nos habla de pandillas y de juergas ("barra querida" y "farras") con el lenguaje coloquial propio de un género de origen "arrabalero". El poema de Cernuda, en cuyos versos se deja entrever su condición homosexual, nos sumerge en una atmósfera de estación final, como si el autor se sintiera a las puertas de la muerte, o al menos en una etapa de la vejez en la que los placeres de la carne quedan fatalmente vedados.

La letra de este tango está inseparablemente asociada a la voz de Gardel, cuya talla como intérprete de canción popular no ha sido superada: su capacidad para sostener una línea de canto perfecta y al mismo tiempo matizar cada palabra con la inflexión más certera es única. Muchos de sus textos están cargados de sentimentalismo lacrimógeno y sin embargo nunca resulta exagerado ni artificioso. Que su voz nos siga sonando hoy con la misma frescura que hace 80 años lo dice todo (en Argentina suele afirmarse que "Gardel cada día canta mejor"). Se recomienda una escucha de, al menos, el impresionante "Yira yira" ("sabrás que todo es mentira / sabrás que nada es amor") (1) y el melodramático "Volver" ("..sentir / que es un soplo la vida, / que 20 años no es nada...") (2).
http://www.youtube.com/watch?v=4ZcwzIPYCHE&feature=related
http://www.youtube.com/watch? v=I5JQ1m3mxKw&feature=related

CARLOS GARDEL: ADIÓS MUCHACHOS

Adiós muchachos, compañeros de mi vida,
barra querida de aquellos tiempos.
Me toca a mi hoy emprender la retirada
debo alejarme de mi buena muchachada.

Adiós, muchachos, ya me voy y me resigno,
contra el destino nadie la calla.
Se terminaron para mí todas las farras.
Mi cuerpo enfermo no resiste más.
…..
DESPEDIDA Luis Cernuda

Muchachos
que nunca fuisteis compañeros de mi vida,
adiós.
Muchachos
que no seréis nunca compañeros de mi vida,
adiós.
(......)
Qué dulce hubiera sido
en vuestra compañía vivir un tiempo:
bañarse juntos en aguas de una playa caliente,
compartir bebida y alimento en una mesa,
sonreír, conversar, pasearse
mirando cerca, en vuestros ojos, esa luz y esa música.
(……)
Adiós, adiós, compañeros imposibles.
que ya tan sólo aprendo
a morir, deseando
veros de nuevo, hermosos igualmente
en alguna otra vida.